|
EL CASO SHEPPARD Por Alberto E. Azcona Marilyn Sheppard, era la esposa del Dr. Samuel Sheppard, y estaba embarazada cuando en la madrugada del 4 de julio de 1954 fue golpeada y cortada hasta la muerte en el dormitorio de la planta alta de su casa a orillas del lago en un suburbio de Cleveland. Ante la policía Sheppard relató la siguiente historia: Él y su esposa habían recibido amigos de la vecindad, los Aherns, en la noche anterior. Después de cenar miraron televisión en el living-room. Sheppard se puso somnoliento y dormitó en un diván. Mas tarde, Marilyn lo despertó parcialmente para decirle que ella se iba a la cama. Lo siguiente que él recordaba era oír a su esposa gritar fuerte en las primeras horas de la mañana; se apuró a subir y en la tenue luz desde el hall vio una "forma" parada al lado de la cama de su esposa. Mientras luchaba con la "forma" fue golpeado en la parte de atrás del cuello y quedó inconsciente. Al recuperar sus sentidos se encontró en el piso junto a la cama de su esposa. Se levantó, la miró, tomó su pulso, y "sintió que ella se había ido". Entonces se fue hasta el cuarto de su hijo y vio que no había sido molestado. Al escuchar un ruido se apuró a ir hacia la planta baja. Vio a la "forma" corriendo hacia fuera por la puerta y la persiguió hasta la orilla del lago, forcejeó con eso en la playa y de nuevo perdió el sentido. Al recuperarse estaba yaciendo con la cara hacia abajo y la parte inferior en el agua. Volvió a su casa, chequeó el pulso en el cuello de su esposa y "determinó o pensó que ella se había ido". Entonces fue hacia abajo y llamó a un vecino, el alcalde Huk , que vino enseguida con su esposa y encontraron a Sheppard derrumbado en una silla tijera de la planta baja. Le preguntaron, "¿Qué pasó?" y Sheppard respondió: "Yo no sé, pero alguien tiene que tratar de hacer algo por Marilyn". La Señora Huk inmediatamente subió al dormitorio. Después que su señora descubrió el cuerpo, el alcalde llamo a la policía local, al doctor Richard Sheppard, hermano de Sam, y los Aherns. La policía local llegó luego en primer término, notificando al "coroner" y a la policía de Cleveland. Llegó entonces Richard Sheppard, estableció que Marilyn estaba muerta, examinó las heridas de su hermano y los hizo trasladar a la clínica cercana operada por la familia Sheppard, puesto que Sam estaba sufriendo de un dolor agudo en su nuca, un ojo hinchado y shock. Cuando llegaron al lugar el "coroner" , la policía de Cleveland y otros oficiales, se revisó la casa y el área que la rodeaba intensamente, Los cuartos de esa casa, que se declaró bajo custodia, fueron fotografiados y se interrogó a muchas personas, incluyendo a los Houks y los Aherns. No obstante ello, los fotógrafos de los diarios y reporteros tuvieron permiso para acceder a la casa de Sheppard de vez en cuando y de tomar fotografías de las dependencias. Desde el principio los funcionarios policiales enfocaron sus sospechas en Sheppard. El "coroner", que era el doctor Gerber dijo a sus hombres: "Bien, es evidente que el doctor hizo esto; entonces comencemos, vayan y sáquenle la confesión". En la misma ocasión procedió a interrogar y examinar a Sheppard mientras estaba bajo sedación en su cuarto del hospital; y le fueron dadas las ropas que Sheppard usaba al momento de la tragedia junto con objetos personales en ellas. Mas tarde el jefe Eaton y dos policías de Cleveland interrogaron a Sheppard bastante extensamente, confrontándolo con la evidencia y demandando explicaciones. En el dormitorio donde fue asesinada Marilyn se produjo una escena de violencia feroz. Había sangre por todas partes, el cuerpo estaba tendido sobre la cama con las piernas colgando hacia el piso, los pechos y los genitales expuestos y graves heridas. Sin embargo, la opinión del "coroner" fue que éste era un crimen de cólera, que no había habido ningún extraño en la casa y que tampoco existía ningún abuso sexual. Preguntado por el oficial Shotke si iba tomar el test del detector de mentiras, Sam dijo que sí, siempre que fuera confiable. Shotke le respondió que era infalible, y agregó: "Más bien usted debería decirnos todo sobre ello ahora". Al final del interrogatorio Shotke le dijo a Sheppard: "Yo pienso que usted mató a su esposa". Esa misma tarde se permitió a un médico enviado por el "coroner" realizar un detallado examen de Sheppard, que desde esos momentos hasta que fue arrestado, se había mostrado disponible para frecuentes y extensos interrogatorios sin la presencia de un abogado. La repercusión periodística en Cleveland y en general en Ohio fue tremenda. Algunos diarios sembraron la idea de que Sam Sheppard era rico e influyente y se creía que podía matar sin sufrir las consecuencias. Los diarios pedían que se realizaran una investigación sobre las causas de la muerte ("inquest"), y efectivamente se reunió un gran jurado ("grand jury") que lo procesó ("indictment") el 17 de agosto. Un mes después se abría al juicio, del que resultó un veredicto de culpable de asesinato en segundo grado. El 21 de diciembre el juez Blythin lo condenó a Sam a prisión por vida.- Con posterioridad, cuando cedió la enorme presión que existía en favor de la condena de Sam Sheppard, sus abogados pudieron investigar la escena del crimen, y establecieron que el asesino era zurdo, mientras que Sam era diestro. Además, que había en el cuarto manchas de sangre que no eran de Sam ni de Marilyn.- Por fin, los hermanos de Sam le encomendaron el estudio del caso al abogado F. Lee Bailey, uno de los más famosos en esa época en los Estados Unidos. Bailey era un experto en la operación del polígrafo (detector de mentiras), y trató de obtener que se hiciera bajo control judicial un "test" a Sam Sheppard, a fin de que si el resultado era favorable, se pudiera reabrir la investigación; máxime cuando en el juicio anterior se había permitido a dos testigos declarar que Sam no había pasado el "test" del polígrafo, que no se había hecho bajo control judicial y por lo tanto con intervención de la defensa. Bailey no tuvo éxito en sus gestiones ante las autoridades.- El polígrafo es un simple instrumento que se comenzó a usar en los Estados Unidos desde el año 1920, aunque en forma muy primitiva. El moderno polígrafo tiene tres componentes que miden los cambios fisiológicos de una persona que está siendo interrogada. El primer componente toma la presión del sujeto y marca con una lapicera de acero inoxidable cada vez que el corazón late, mostrando cualquier cambio en la presión sanguínea del sujeto y las variantes y frecuencias del pulso, todos detalles importantes para detectar una mentira. El segundo componente consiste en una venda ajustada sobre el pecho del sujeto y conectada a una segunda lapicera, que marca cuando el sujeto inhala o exhala, lo que permite estudiar la regularidad de su respiración: los cambios que coinciden con preguntas psicológicamente estimulantes pueden indicar fuertemente la mentira. El tercer componente mide lo que es conocido como la respuesta epidérmica galvánica y consiste en un galvanómetro de alta sensibilidad, capaz de medir el curso de un minuto de corriente eléctrica: Se colocan dos electrodos sobre la piel y el instrumento mide el monto de resistencia que la piel ofrece al pasaje de un electrodo al otro, registrándose los resultados mediante otra lapicera de acero, que va hacia arriba o hacia abajo, indicando los cambios en la conductividad. Comunmente se cree que la mentira induce a la transpiración, que afecta la conductividad de la piel.- Esto en cuanto al mecanismo en si, pero el factor crítico en un "test" -dice Bailey- es el operador, que tiene que reunir experiencia en el interrogatorio y considerable conocimientos de psicología y fisiología. Debe estar ese operador en conocimiento de los factores del caso, a efectos de hacer las preguntas críticas, que deben ser contestadas por sí o no. Es el examinador quien debe interpretar correctamente la carta definitiva. El término "detector de mentiras" al decir de Bayley no es correcto; más bien debería llamarse "verificador de verdad", porque el polígrafo tiene una única función: separa a los que han dicho toda la verdad de aquellos que no la han dicho. Aunque se diga parte de la verdad, si se oculta algo que también es verdad, la máquina lo registrará (Ob.cit.,pags. 21 a 23).- A esta altura del procedimiento, en que ya mediaba un juicio y un pronunciamiento del jurado, las cuestiones de hecho ya estaban establecidas y si los jurados se habían equivocado, esto no se podía corregir mediante una apelación. La única manera de que Sam pudiera obtener su libertad era mostrando un error de derecho, una equivocación en la forma en que las reglas aceptadas se habían aplicado en este caso; es decir una equivocación que violara la Constitución de los Estados Unidos (pag, 80). Consecuentemente Bailey interpuso una acción de "habeas corpus", sobre la base de que Samuel H. Sheppard había sido privado de sus derechos constitucionales, debido a las fallas en el procedimiento. Con posterioridad, obtuvo F. Lee Bailey una declaración de la periodista Dorothy Kirgallen, según la cual antes del juicio en que Sam fuera condenado a prisión por vida, ella entrevistó por un diario al juez interviniente, que era el juez Blythin, y éste la había invitado a conversar en su despacho, antes de comenzar el juicio. Fue muy amable con ella, le dio la mano, que tenía mucho gusto de verla, que la veía en televisión frecuentemente en su programa; pero qué la traía por Cleveland. "El juicio, Su Señoría", contestó ella.- "Pero para qué venir desde New York para cubrir este juicio?", preguntó el juez.- "Bueno, tiene todos los ingredientes de lo que el periodismo considera un buen crimen; tiene una víctima atractiva y embarazada, el acusado es un miembro importante de la comunidad, respetable y también atractivo. Y a eso se agrega el hecho de que es un misterio quién lo hizo", respondió la periodista.- "Misterio?", dijo el juez. "Es un caso abierto y cerrado".- La periodista quedó un poco sorprendida, porque muchas veces había entrevistado jueces, pero nunca le daban opiniones adelantadas antes de juzgar un caso. Así que le dijo: "Qué quiere Vd. decir, juez Blythin?" "Bien, el es culpable como el infierno. No hay duda sobre eso", respondió el juez.- Además, un empleado del juzgado dijo que él y tres o cuatro personas estaban conversando en el tribunal y estaban hablando del caso Sheppard cuando acertó a pasar el juez Blythin. Ellos le hablaron del caso y cuando se retiraba dijo: "Sam Sheppard es tan culpable como yo soy inocente" (pags. 91/92).- En consecuencia, Bailey agregó un cargo más a su petición de "habeas corpus", en base al prejuzgamiento en que había incurrido el juez interviniente en el juicio.- En síntesis, las fallas invocadas para fundar el "habeas corpus" quedaron reducidas a cuatro: -Fue la publicidad periodística anterior y/o durante el juicio tal que violó los principios constitucionales del peticionante? -El juez interviniente, por no haberse excusado de la causa después de hacer ciertas declaraciones relativas a la culpa del acusado, violó los derechos constitucionales del peticionante? -El juez interviniente, al permitir a oficiales de la policía testificar que el acusado había rehusado someterse a un "test" con el detector de mentiras, violó los derechos constitucionales del peticionante? -La conducta de los funcionarios del juzgado, al permitir que los jurados, durante las deliberaciones y sin autorización de la corte, mantuvieran comunicaciones telefónicas con personas fuera del recinto del jurado, violaron los derechos constitucionales del peticionante? El juez federal resolvió que existían violaciones de los derechos constitucionales del peticionante; omisión de garantizar un "change of venue" (realización del juicio en otra ciudad) o una postergación, en vista de la publicidad periodística antes y durante el juicio; la omisión de mantener la imparcialidad de los jurados por razón de la publicidad durante el juicio; la falta de excusación del juez, aunque había dudas sobre su imparcialidad; la introducción indebida de un testimonio sobre el detector de mentiras, y comunicaciones no autorizadas de los jurados durante su deliberación.- Cada uno de estos errores -dijo el juez federal- es por si mismo suficiente para alcanzar la convicción de que el acusado no gozó de un juicio justo, como es requerido por la cláusula del debido proceso en la Enmienda XIV de la Constitución de los Estados Unidos. Y cuando todo estos errores se acumulan, el juicio en examen sólo puede ser visto como un simulacro de justicia (pags. 93/94).- Es decir que el juez federal no resolvió que Sam era inocente o culpable, sino que su condena había sido obtenida inconstitucionalmente, y por lo tanto la dejó sin efecto, y les dio al Estado o al Condado sesenta días en los cuales realizar un nuevo juicio, disponiendo la inmediata libertad de Sam Sheppard.- La decisión del juez federal fue apelada y en definitiva el caso llegó a la Suprema Corte de los Estados Unidos. ("The Defense Never Rests", por F. Lee Bailey -con Harvey Aronson-, ed. New American Library, New York, 1972, pags. 67/114).- El acusador en jefe de Sheppard criticó agudamente la negativa de la familia de Sheppard de permitir su inmediato interrogatorio y a partir de allí los titulares resaltaron varias veces la falta de colaboración de Sheppard con la policía y otros oficiales hasta que un titular llegó a decir: "se ordena al doctor de la Bahía que testifique ahora", y otro articulo describía una visita hecha 8 de Julio por el forense Gerber y cuatro oficiales de la policía al hospital.
Cuando Sheppard insistió en que estuviera presente su abogado, el "coroner" escribió una orden de detención y se la notifico. Sheppard entonces accedió a someterse al interrogatorio sin patrocinio letrado y entonces la orden de detención se rompió. Los oficiales lo interrogaron por varias horas. El 9 de julio a pedido del "coroner" Sheppard debió hacer la reconstrucción de la tragedia en su casa delante del forense, de oficiales de la policía y de un grupo de periodistas que aparentemente habían sido invitados por aquel. Como la casa estaba bajo llave Sheppard fue obligado a permanecer afuera hasta que llegó el "coroner". El comportamiento de Sheppard durante la reconstrucción fue reportado en detalle por los medios de noticias junto con fotografías. Los diarios también publicaron la negativa de Sheppard a someterse a test del detector de mentiras, como también aludieron al "circulo de protección", tendido por su familia. Titulares de primera página de los diarios anunciaron el mismo día : "Doctor vacila ante el test de mentiras, vuelve a contar su historia". En otra columna el artículo contenía un "interview exclusivo" con Sheppard, titulado: "Amé a mi esposa, ella me amaba a mí". Al día siguiente otro titular revelaba que Sheppard había rehusado nuevamente someterse al detector de mentiras, y agregaba que al final de un interrogatorio de nueve horas al doctor Sheppard, el periodista percibió que él descartaba totalmente el test del detector de mentiras; pero sus siguientes artículos de ese diario informaron que el "coroner" lo estaba presionando para lograrlo. Mas historias aparecieron cuando Sheppard se negó a que las autoridades lo inyectaran con "el suero de la verdad". Sheppard a todo esto seguía sosteniendo su inocencia, de manera que el caso fue a juicio programado para comenzar dos semanas antes de la elección general del mes de noviembre en la que el fiscal principal era candidato a ser designado juez y el juez Blythin, que debía presidir el juicio, era candidato a sucederse a si mismo. Veinticinco días antes del juicio se citó a 75 posibles jurados. Los tres diarios de Cleveland publicaron los nombres y direcciones de estas personas, al punto que llamadas de amigos, cartas anónimas y llamadas telefónicas relativas al juicio fueron recibidas por todos ellos. La selección del jurado comenzó el 18 de octubre de 1954. Dentro del recinto reservado al juez los jurados, los abogados y el acusado, se había colocado una larga mesa precaria detrás de la mesa de los abogados. Esta mesa ocupaba casi todo el ancho de la sala, paralela a la baranda que separaba ese recinto ("bar") con un extremo a menos de un metro del lugar para los jurados. Unos 20 representantes de diarios y servicios telegráficos tenían fijados asientos en esta mesa por la corte. Más allá de la barra, había cuatro filas de bancos, con lugares también asignados por la corte por todo el juicio. La primera fila estaba ocupada por representantes de televisión y estaciones de radio, la segunda y tercera por reporteros de diarios y revistas de fuera de la ciudad; en la última fila donde cabían 14 personas, se asignó el lugar para la familia de Sheppard en un lado y la de Marilyn en el otro. En los espacios que quedaban libres en esta fila se permitió al público llenar los lugares con pases especiales. En otras salas del mismo edificio se asignaron lugares al periodismo y se instalaron equipos de teléfono y telégrafo de manera que los reportes del juicio llegaran más rápidamente a los diarios. En el tercer piso de la corte cerca de la habitación de los jurados, donde ellos se reúnen en los recesos del juicio y deliberan, se permitió instalar sus equipos a una radio que desde ese lugar se daba noticias durante el juicio, y mientras el jurado llegaba a su veredicto. En la vereda y en las escaleras en frente del edificio de la corte, se usaban cámaras de televisión y noticieros, que tomaban películas de los participantes en el juicio, incluidos el jurado y el juez; en realidad en una ocasión una estación de televisión organizó una entrevista con el juez mientras entraba al edificio. En los corredores fuera de la sala de audiencias había un grupo de fotógrafos y personal de televisión con cámaras, flashes, luces portátiles y cámaras de filmar. Este grupo fotografiaba a los posibles jurados durante la selección del jurado. Después que comenzó el juicio los testigos, abogados y jurados eran fotografiados y televisados cada vez que entraban o dejaban el salón de audiencias. Sheppard era traído a ese lugar diez minutos antes de que comenzara cada sesión, viéndose rodeado por reporteros y extensamente fotografiado por los diarios y la televisión, una orden del juez prohibió tomar fotografías en la sala de audiencias durante la sesión de la corte, pero no se puso limites a los fotógrafos durante los recesos, que se producían una vez a la mañana y una vez a la tarde, con un largo periodo para el almuerzo. Esta situación se mantuvo durante las nueve semanas que duró el juicio. Dentro del "bar" mismo la ubicación de los reporteros en su mesa de trabajo detrás de la mesa de la defensa, hacía casi imposible que Sheppard pudiera hablar con su abogado durante todos los procedimientos. Frecuentemente ellos tenían que dejar la sala con permiso del juez para poder hablar. En muchas ocasiones cuando los abogados querían hablar con el juez por algún punto incidental del proceso fuera del alcance de los jurados, lo que comúnmente se hace adelantándose los abogados hasta el estrado del juez para hablarle en voz baja, aquí tenia que hacerse en el despacho del juez fuera de la sala de audiencias; y cuando los abogados salían del despacho del juez en la antesala estaba tan repleto de periodistas que no podían casi salir y eran preguntados por los periodistas, que competían entre ellos, sobre qué habían discutido con el juez. A menudo estas cuestiones aparecían después en los diarios y eran accesibles para el jurado. Como es sabido, el juicio oral y máxime ante jurados no se concibe sin que se levante un "record" de todo cuanto se dice en el juicio, y en ese caso el record o transcripción de los procedimientos se ponía a disposición de los diarios cada día y el testimonio de cada testigo era publicado literalmente en las ediciones locales junto con las objeciones que hubiera hecho el abogado y las decisiones incidentales del juez. Casi la mayoría de los jurados durante el proceso de selección testificaron que habían leído sobre el caso en los diarios de Cleveland o en la radio, y de los doce que fueron elegidos, siete justamente recibían alguno de esos diarios en su casa. Es de presumir que todos tenían radio o televisión de manera que estaban perfectamente enterados de lo que decían los medios. La intensa publicidad que rodeó el caso se mantuvo durante todo el juicio, no obstante los reclamos que formularon los abogados defensores, y su solicitud de que se postergara el juicio y se dispusiera que este se realizara en un lugar distinto, -libre de la presión de los medios que recaía sobre los jurados-, en definitiva impedía que el acusado recibiera un juicio justo; pero el juez siguió los pasos del procedimiento y rehusó tomar precauciones contra la influencia de la publicidad prejudicial. En suma , si bien se realizó un juicio, este carecía de la serenidad y la calma en que tales procesos deben realizarse. Es cierto que un juicio en que se mezclaban el asesinato y el misterio, la alta sociedad, el sexo y el suspenso, había atraído el interés del publico a un extremo sin precedente en los anales de la justicia. En esta atmósfera, Sam Sheppard fue a juicio por su vida. La posición del juez fue que después de todo existía una libertad de prensa y que él no podía impedir que llegaran al público los detalles del juicio y a los jurados algunos comentarios de la radio, los diarios o la televisión. Es claro que la fiscalía podía haber llevado a juicio a quienes diseminaban hechos que resultaban falsos y que no se comprobaban en el juicio, pero el problema era que muchos de los rumores surgían de la propia oficina del fiscal. Una de las equivocaciones en la defensa de Sam Sheppard, que le costó a éste diez años de cárcel, fue que al ser preguntado bajo juramento si, mientras su esposa estaba embarazada él tenía una amante, Susan Hayes, una asistente de laboratorio que había trabajado en la clínica Sheppard, el acusado contestó que no. Los investigadores, convencidos de que Sheppard era culpable, escudriñaron toda su vida íntima e incluso sus relaciones amorosas extra-matrimoniales, y así descubrieron a la asistente. Interrogada Susan Hayes confesó que sí, que había tenido relaciones con Sam Sheppard, las que habían cesado antes del asesinato. Ante esta contradicción, que lo dejaba como un perjuro, Sheppard dijo que lo había negado por caballerosidad. Otro de los errores, esta vez cometido por la propia Marilyn sería que, sabiendo que su esposo, como médico, dormía cuando podía y estaba esa noche durmiendo en la planta baja, dejó entreabierta la ventana del dormitorio, removió el barniz de sus uñas y se fue a dormir. En realidad, no era fuera de lo común que dejara la ventana entreabierta, porque la casa frente al lago estaba en un barrio residencial de clase alta, donde la gente tenía por costumbre dejar incluso la puerta de calle sin llave. En definitiva Sheppard fue condenado en este juicio, pero llegado el caso a la Suprema Corte de los E.E.U.U. se resolvió –por los fundamentos que en sus detalles fácticos hemos revistado precedentemente- dejarlo sin efecto y ordenar que Sheppard fuera dejado en libertad mientras el estado no lo acusara de nuevo dentro de un tiempo razonable en otro juicio (USSC, "Sheppard v. Maxwell, 384 U.S. 333"). Realizado este segundo juicio, Sam Sheppard fue declarado no culpable y recuperó su libertad; mas su vida estaba destrozada, después de pasar largos años en la cárcel. En su edición de 1997/02/05 el importante diario "The San Francisco Chronicle" informa, en un artículo firmado por el columnista Michael Taylor que nuevas pruebas efectuadas por el DNA, de viejas muestras de sangre de la escena del crimen en Ohio, del año 1954, indican que el Dr. Sam Sheppard, cuyo caso inspiró la película y la serie "El Fugitivo", no mató a su esposa en el sensacional caso. Según estas pruebas, en cambio, una tercera persona, posiblemente el real asesino, estuvo en la casa Sheppard, cerca de Cleveland, esa noche; de acuerdo a lo que informa su hijo Sam Reese Sheppard. Ese hijo, que ha sido perseguido por el caso de su padre durante sus 49 años, festejó las nuevas comprobaciones efectuadas ayer, diciendo que ellas demuestran conclusivamente la inocencia de su padre. La Oficina de la Fiscalía de Ohio dice que la única manera de exonerar definitivamente al Dr. Sam Sheppard, sería exhumar su cuerpo para obtener su DNA para pruebas comparativas. Las nuevas pruebas DNA de la sangre de la escena del crimen fueron conducidas, durante los pasados nueve meses, por un especialista forense. Los resultados fueron publicados ayer en Cleveland por los abogados de Sam Reese Sheppard, que están tratando de convencer a un juez de Ohio sobre la inocencia del Dr. Sam Sheppard. Hace dos años, agrega la noticia, Sam Reese Sheppard demandó al Estado de Ohio, reclamando daños por los diez años que su padre pasó entre rejas después de su condena en 1954. Después de que la Corte Suprema de los Estados Unidos, en el año 1964, encontró que su primer juicio había sido un carnaval, fue objeto Sam Sheppard de un nuevo juicio, en el cual fue absuelto. Murió de una falla del hígado en el piso de la cocina de un amigo en 1970. El Dr. Sheppard, como su contraparte actuada por Harrison Ford en la película del año 1993, siempre dijo que en la noche del asesinato él había luchado con un intruso de cabellos revueltos hacia arriba, lo había corrido de la casa y luego lo había perdido. El malévolo intruso se transformó en la versión cinematográfica en "El Hombre Manco", perseguido por el Dr. Trimble, durante décadas de episodios de televisión y la película antes mencionada. A diferencia de lo que ocurre en la película, el hombre de los cabellos revueltos nunca fue encontrado. El hijo de Sheppard dice haber encontrado evidencias de que un limpiador de vidrios de Cleveland puede haber estado envuelto en el asesinato de su madre. Ese limpiador de vidrios, está sirviendo una sentencia de por vida por otro asesinato, y en una época limpiaba vidrios en el hogar de los Sheppard. Por ese entonces fue visto herido con unos cortes que declaró eran anteriores al asesinato. El problema radica en una serie de gotas de sangre que conducen hacia fuera del dormitorio donde fue encontrado el cuerpo de Marilyn. La acusación mantuvo en 1954 que esas gotas correspondían a sangre de Marilyn y habían caído del cuchillo del asesino, pero los abogados de Sam Reese Sheppard dicen que las gotas de sangre venían del cuerpo del real asesino, que sangraba del brazo, donde Marilyn le había hincado los dientes tan fieramente que sus dos dientes frontales se habían roto de raíz. Y tanto sería así, que en el segundo juicio, iniciado después de anulado el primero por la Suprema Corte, un famoso científico forense de la Universidad de California, puntualizó que la sangre que había goteado todo el camino por debajo de las escaleras y en el sótano, era fresca, indicando que venía del asesino mismo más que de su arma, porque la sangre goteando de un arma se hubiera solidificado completamente al ser expuesta al oxígeno, disipándose las gotas. El caso Sheppard, llamado en 1954 "El Caso del Siglo", está teñido por dos factores: Primero, que los Sheppard pertenecían a un grupo privilegiado de la sociedad de Cleveland, tenían una hermosa casa, tres automóviles, practicaban en el lago ski acuático, él medía 1.80 ms., pesaba 170 libras, era buen mozo –en esto la película y las series de televisión se atuvieron a la realidad-, y en la clínica fundada por su padre, pionera en osteopatía, trabajaban los tres hijos médicos, entre ellos Sam. En segundo lugar, como al parecer ocurrió en el caso de O.J. Simpson, -otro "caso del siglo"-, no se preservó la escena del crimen y se borraron huellas que hubieran beneficiado la posición de Sam Sheppard. En el segundo juicio, realizado en el año 1966, se inició en la fama nacional como abogado penalista F. Lee Bailey, que había comenzado a actuar después de la primera condena, cuando organizó el recurso que derivaría en la decisión anulatoria de la Suprema Corte de los Estados Unidos del 6 de junio de 1966. Subsiguientemente actuó en el nuevo juicio iniciado en ese año. En este juicio Bailey, que también actuó recientemente el otro "caso del siglo" (O.J. Simpson), llamó como perito a un cirujano ortopédico de primera categoría, quién verificó las fracturas que había sufrido en el cuello Sam Sheppard, y dictaminó sobre la imposibilidad de que se las hubiera infligido a sí mismo para disimular. En cuanto a la forma en que fue encontrado el cuerpo de Marilyn, Bailey dejó flotando algunas dudas, cuando dijo que aquí había habido algún problema de carácter sexual, porque las mujeres no acostumbran a dormir con una pierna afuera del pantalón piyama, y el pantalón no estaba desgarrado, Una mancha de sangre que estaba en la escalera que daba al sótano, fue prueba para la acusación en el primer juicio de que no había un intruso, porque de haberlo éste se habría escapado por la puerta de la planta baja, en lugar de dirigirse hacia el sótano y quedar atrapado. En el segundo juicio Bailey llamó como testigo a Richard Eberling, operador de un servicio de limpieza de ventanas, quien dijo que él se había cortado la mano cuando trabajaba para Marilyn Sheppard tres días antes de su muerte. Declaró haber lavado su herida y luego fue al sótano a buscar unas cortinas. Si bien el misterio hasta ahora no se ha develado, lo cierto es que Bailey apuntó a que alguien, con el perfil de un "asesino en serie", pudo ser el autor del asesinato, pues se sabe que el sadismo brutal y el ingrediente sexual distorsionado califican a muchos de estos asesinos seriales. Para la época del segundo juicio no existía ya la presión de los medios –que provocó la anulación del primero- y, además, según observa Bailey, el tribunal de la opinión pública había cesado de considerar culpable a Sheppard y aceptado la teoría del intruso. El primer juicio, en lugar de juicio por asesinato, se transformó en un juicio por adulterio –como sucedió en el caso Maybrick- y en su afán de defenderse de la enorme acusación que pesaba sobre él, declaró una mentira bajo juramento. Admitió que en un viaje a Los Angeles había estado con Susan Hayes. El "coroner" Dr. Gerber le preguntó si había estado cuatro días con esa dama y había dormido en el mismo dormitorio cuatro noches con ella. Sheppard contestó: "No, no". Se citó a declarar a Susan Hayes, quien habló de numerosos encuentros con Sam, en su automóvil y en los cuartos de arriba en la clínica, y que además había estado en otra ocasión anterior con él en Los Angeles, cuando ella tenía 21 años. En este segundo juicio, después de tres semanas, Sam Sheppard fue declarado, como hemos dicho, no culpable, lo que no implica una declaración de inocencia: simplemente no se probó más allá de una duda razonable que él fuera culpable. La sombra de la duda lo persigue hasta nuestros días y el misterio constituye otro de los factores que han transformado esta tragedia en una causa célebre.
F I N
|
|